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EN OCASIÓN DEL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

ONU Sede| 17 Abr 2018 | Por António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas. Nos encontramos en un momento decisivo para los derechos de la mujer. Las desigualdades históricas que han dado lugar a la opresión y la discriminación están saliendo a la luz. Desde América Latina hasta Asia, pasando por Europa, en las redes sociales, los estudios de cine, las fábricas y las calles, las mujeres están pidiendo que se produzca un cambio duradero y que no se toleren las agresiones sexuales, el acoso, ni ninguna clase de discriminación. Conseguir la igualdad de género y empoderar a las mujeres y niñas son tareas pendientes y constituyen el mayor desafío en derechos humanos.

El activismo y las campañas llevadas a cabo durante años han dado fruto: más niñas van a la escuela; más mujeres tienen un trabajo remunerado y ocupan cargos de responsabilidad en el sector privado, en la academia, la política y las organizaciones internacionales, como en la ONU; la igualdad de género se consagra en numerosas leyes; y prácticas como la mutilación genital femenina y el matrimonio infantil, se prohíben en muchos países.

Sin embargo, siguen existiendo importantes obstáculos para acabar con los desequilibrios de poder en los que se asientan la discriminación y explotación.

Más de mil millones de mujeres carecen de protección jurídica frente a la violencia sexual en el hogar. La desigualdad salarial por razón de género es del 23 % y alcanza el 40 % en las zonas rurales, y el trabajo no remunerado pasa desapercibido. La representación media de la mujer en los parlamentos es inferior a una cuarta parte y en los consejos de administración es aún menor.

Con frecuencia se incumplen las leyes vigentes, se cuestiona, denigra y descalifica a las mujeres que solicitan una compensación. Ahora sabemos que el acoso y los abusos sexuales han sido una constante en los lugares de trabajo, los espacios públicos y los hogares en países orgullosos de su trayectoria en materia de igualdad de género.

La ONU deberían servir de ejemplo al mundo. Reconozco que no siempre ha sido así. Desde que tomé posesión de mi cargo he introducido cambios en la Organización.

Por primera vez, en el equipo directivo hemos alcanzado la paridad de género y estoy decidido a que ocurra lo mismo en el resto de la Organización. Estoy absolutamente comprometido con la tolerancia cero frente al acoso sexual y he establecido estrategias para aumentar la presentación de informes y la rendición de cuentas. Además, trabajamos en estrecha colaboración con los países para prevenir la explotación y abuso sexual cometidos por el personal de las misiones de paz, hacerle frente y ayudar a las víctimas.

Desde la ONU apoyamos la lucha de las mujeres para superar las injusticias, ya se trate de la mujer rural que es víctima de la discriminación salarial, de la mujer urbana que se unen para impulsar el cambio, de la mujer refugiada que corren el riesgo de sufrir explotación y abuso, o de la que sufre múltiples tipos de discriminación: viuda, indígena, con discapacidad y mujeres que no se ajustan a las normas de género.

El empoderamiento de la mujer es un tema central de la Agenda 2030. Si avanzamos en el cumplimiento de los ODS, avanzaremos también en la causa de las mujeres de todo el mundo. La Iniciativa Spotlight puesta en marcha junto con la Unión Europea destinará recursos para la eliminación de la violencia contra las mujeres.

Seré claro: no se trata de hacer un favor a las mujeres. La igualdad de género tiene que ver con los derechos humanos, pero también redunda en interés de todos: hombres y niños, mujeres y niñas. La desigualdad de género y la discriminación contra la mujer nos perjudica a todos.

Ha quedado demostrado que invertir en las mujeres es la forma más eficaz de que las comunidades, las empresas e incluso los países prosperen. La participación de la mujer hace que los acuerdos de paz sean más sólidos, que las sociedades sean más resilientes y que las economías sean más pujantes. Normalmente, cuando se discrimina a las mujeres es porque hay prácticas y creencias de por medio que nos perjudican a todos.

En este momento decisivo para los derechos de la mujer, es hora de que los hombres apoyen a las mujeres, las escuchen y aprendan de ellas. Es primordial que haya transparencia y rendición de cuentas para que puedan alcanzar su potencial y nos ayuden a todos a prosperar en la comunidad, la sociedad y la economía.

Me enorgullece formar parte de este movimiento y espero que continúe expandiéndose en el mundo entero.