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PREVENIR LA VIOLENCIA CONTRA NIÑAS, NIÑOS Y ADOLESCENTES DE PANAMÁ: UN ASUNTO DE TODAS Y TODOS.

UNICEF| 20 Mar 2018 | Por: Kyungsun Kim, representante de UNICEF para Panamá. Este artículo de opinión debe comenzar reconociendo lo difícil que es hablar sobre violencia en tan solo 600 palabras, y mucho más cuando se trata de violencia contra niñas, niños, y adolescentes. Durante las dos últimas décadas, América Latina ha dado pasos significativos en robustecer sus sistemas de protección de niñez y en crear mecanismos que proactivamente trabajen por estrategias y planes de prevención de violencia. Sin embargo, como ciudadanos, hemos adquirido una característica común: la violencia la hemos normalizado, banalizado y hecho parte -no gratamente- de nuestras vidas. Pareciera inclusive, que estuviéramos desarrollando un tipo de resistencia a ella, pues hasta que no vemos sus peores consecuencias no la reconocemos como lo que es.

Ante este contexto y teniendo en cuenta que para el año 2018, el Instituto Nacional de Estadísticas de Panamá proyecta que 31.4% de la población tendrá menos de 18 años de edad, es nuestro deber preguntarnos ¿Cómo afecta a las niñas, niños y adolescentes del país esta normalización de la violencia?

La vida de un niño, transcurre principalmente en tres entornos: el hogar, la escuela y la comunidad. Debido a la delgada línea divisoria entre ellos, las consecuencias de la violencia se pueden transpolar fácilmente entre un entorno y otro. Es decir, si un niño está siendo víctima de violencia en su hogar, es muy probable que en su escuela reproduzca estas conductas, o se vuelva más vulnerable a ser víctima de acoso escolar. Si a esta situación se le suma un contexto comunitario en el cual existen pandillas, es fácil el acceso a drogas y armas y no existen espacios recreativos seguros ¿Cómo esperamos que sea el desarrollo de la vida de esta persona? ¿Cuál es su entorno protector? ¿Dónde aprende y quién le enseña a diferenciar qué es una acción violenta si esto es lo que vive en su día a día?

En Panamá, el Centro de Estadísticas del Ministerio Público informa que entre enero y julio de 2017 han ingresado a los cuatro Distritos Judiciales un total de 8,107 casos de denuncia de violencia doméstica y 1,334 casos de maltrato al niño, niña o adolescente. Respecto a los delitos contra la integridad sexual, esta misma institución registró que el 88% (2,987) de las víctimas de delitos sexuales eran personas menores de 18 años, siendo 1,270 (42.5%) de ellas, víctimas de pornografía infantil. Por diversos motivos tales como el miedo, la vergüenza, las amenazas, la falta de confianza en las autoridades o la ausencia de ellas, el subregistro de este tipo de delitos es muy importante.

Este año, el Comité Nacional Intersectorial para la Prevención de la Violencia contra niños, niñas y adolescentes (CONIPREVINNA), apoyado por UNICEF, realizó un Análisis de Situación de Violencia contra la niñez y adolescencia en algunos distritos del país. Sus resultados y recomendaciones serán las bases para la elaboración de una Estrategia Nacional de Prevención de Violencia contra niñas, niños y adolescentes. No obstante, debemos recordar que la prevención de la violencia debe ser un asunto de todos, y la mejor manera de asumir esta responsabilidad ciudadana es reflexionando y reconociendo la violencia contra la niñez y la adolescencia como lo que es. Negarla, subestimarla u omitirla no la desaparece, sino todo lo contrario, la perpetua ¿si nosotros como adultos no queremos vivir en entornos violentos, por qué esperaríamos que una niña o niño sí?